A 490 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe

De acuerdo al relato mariano, la Virgen apareció en cinco ocasiones, cuatro de estas en el Cerro de Tepeyac. Foto vía: Gaceta UNAM

Por: Rodrigo Goyeneche    Twitter: @RodrigoGoyenec3

Han pasado 490 años de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, mejor conocida como la Virgen de Guadalupe, una de las devociones católicas  más numerosas, ya que cada 12 de diciembre, fecha en la que se presentó por última vez, un estimado de 20 millones de fieles acuden a la Basílica de Guadalupe a expresar su cariño y veneración.

La historia de las apariciones de la Virgen fueron recabadas en el Nican Mopohua, relato náhuatl con caracteres latinos que se publicó en el siglo XVII y cuya autoría es de Luis Lasso de la Vega pero se le atribuye a Antonio Valeriano, donde el mismo Juan Diego, personaje al cual la Virgen se le manifestó, narró el milagro guadalupano.

El Nican Mopohua, libro donde se relata el milagro guadalupano. Foto vía: FSSPX.news

Todo comenzó en años posteriores a la conquista, en 1525, los frailes franciscanos erigieron en el Cerro del Tepeyac una ermita, ya que en ese lugar solía estar un santuario en tiempos prehispánicos, donde se le rendía culto a la diosa Tonantzin Cihuacóatl, la cual era, según describió Bernardino de Sahagún: "la diosa principal de los mexicas".

Cuauhtlatoatzin, por su traducción: "Águila que habla o el que habla con el águila" nació en 1474 y era chichimeca, llegó a México en 1524 atraído por la doctrina franciscana, por lo que recibió el bautismo y el nombre de Juan Diego, quien sería el principal testigo de las apariciones guadalupanas.

Juan Diego fue beatificado en 1990 y canonizado en 2002, siendo el primer santo indígena de América. Foto vía: Aleteia

El 9 de diciembre de 1531, 10 años después de la Conquista de México, Juan Diego se encontraba en camino a Tlatelolco, donde tomaba clases de catecismo y asistía a la Santa Misa, apenas amanecía cuando escuchó desde la cumbre del Cerro de Tepeyac una voz que le decía: "Juan, Juanito".

Al subir, Juan Diego se encontró con una señora de extraordinaria belleza y rodeada de luz, la cual atentamente le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero dios, por quien se vive. Deseo que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los demás amadores míos que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y manifiéstale que deseo un templo en este llano."

La Virgen le solicitó a Juan Diego que le dijera al Obispo que deseaba que se le edificara un templo en el Tepeyac. Foto vía: Capital México

Juan Diego le respondió arrodillado: "Señora mía, voy corriendo a cumplir lo que me has mandado.", así que se dirigió a ver a Juan de Zumárraga, el obispo de México, a quien le llevó el mensaje, pero no le creyó. Al volver al Tepeyac de su encuentro con el obispo, se encontró nuevamente con la Señora del Cielo y ella le insistió en darle al obispo su mensaje, siendo esta la segunda aparición de la Virgen ese mismo día.

Juan Diego regresó al prelado y le relató al obispo lo que había visto y el mensaje que la Virgen le había encomendado, pero tampoco le creyó y le pidió que le trajera una señal para que verificar si la misma Señora del Cielo lo mandó. Ese 10 de diciembre de 1531, la Virgen se le apareció por tercera vez a Juan Diego, quien le pidió la señal que el obispo pedía y ella le dijo que volviera al día siguiente para darle dicha señal.

Luego de su último encuentro, Juan Diego no acudió al día siguiente al Tepeyac por la enfermedad de su tío Bernardino. Foto vía: La Oración

El 11 de diciembre de 1531, Juan Diego encontró a su tío Bernardino muy enfermo, éste le suplicó que fuera inmediatamente a Tlatelolco en busca de un sacerdote para que lo confesara, puesto que sentía cercana su muerte. Juan Diego partió al día siguiente, muy temprano y para no detenerse por el posible encuentro con la Señora del Cielo, intentó rodear el cerro del Tepeyac.

Mientras Juan Diego emprendía el camino, la Virgen se le apareció a Bernardino y lo curó de su enfermedad: "Bernardino, hijo mío, mi hijo es el hijo del Dios omnipotente en cuyo nombre te curo. Quiero que acudas al obispo y le cuentes lo que ha pasado y le digas que es mi voluntad que me edifiquen un templo en el Tepeyac y que sea invocada por todos con el título de Guadalupe."

La sanación de Bernardino por la Virgen de Guadalupe. Foto vía: Voces del Periodista Diario

La Virgen se apareció por última vez el 12 de diciembre de 1531 a Juan Diego, quien le explicó la situación de su tío, a lo cual, la Virgen le respondió: "Ten entendido hijo mío, el más pequeño, que no es tan importante lo que te asusta y aflige. No se entristezca tu corazón ni te llenes de angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no soy tu ayuda y protección? No te aflijas por la enfermedad de tu tío, que en este momento ha quedado sano. Sube ahora a la cumbre del cerro y hallarás distintas flores. Córtalas y tráelas."

Al subir a la cumbre del Tepeyac, Juan Diego se encontró una diversidad de rosas de Castilla, a pesar de que estaban en pleno invierno y esa zona era árida por completo. Al recogerlas y cargarlas en su tilma, se las llevó a la Virgen y ella le dijo: "Hijo mío, esta es la prueba que llevarás de parte mía al Obispo. Te considero mi embajador, muy digno de confianza. Ahora te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas."

Juan Diego se presentó ante el obispo nuevamente y al abrir su manta, se mostró la imagen impresa de la Virgen de Guadalupe, la cual se cree que es la que se exhibe en la basílica, aunque no hay pruebas que lo constaten. Foto vía: Apologética Católica

Juan Diego volvió con el obispo y le dijo: "Señor, hice lo que me mandaste hacer: Pedí a la Señora del Cielo una señal. Ella aceptó. Me despachó a la cumbre del cerro, y me mandó cortar allá unas rosas y me dijo que te las trajera. Así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides, y cumplas su voluntad."

Al desenvolver su manto, se mostró la bella imagen de la Virgen de Guadalupe ante todos los presentes, quienes se arrodillaron llenos de admiración y Juan Diego pidió permiso para ver a su tío, ya que él pensaba que seguía enfermo, pero cuando regresó con un grupo numeroso para acompañarlo, se encontró que su tío ya había sido sanado por la Señora del Cielo.

Esta es la historia de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe ocurridas hace 490 años.

Imagen de la Virgen de Guadalupe en la Basílica. Foto vía: Debate




























 

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